En definitiva, hoy lo
vemos así por el contexto jurídico, social y filosófico que nos rodea, porque
nos situamos en medio de fervientes debates pro-vida y pro-choice.
Pero eso no quiere decir que el aborto no tenga una larga historia médica y de debate reflexivo, que esto no se haya discutido antes o que los abortos fallidos y peligrosos sólo sean historia contemporánea; los derechos humanos, las necesidades de control natal y las costumbres clínicas han aportado mucho a los anales de la historia abortiva. Sobre todo en términos de dolor y sufrimiento en el cuerpo femenino.
Pero eso no quiere decir que el aborto no tenga una larga historia médica y de debate reflexivo, que esto no se haya discutido antes o que los abortos fallidos y peligrosos sólo sean historia contemporánea; los derechos humanos, las necesidades de control natal y las costumbres clínicas han aportado mucho a los anales de la historia abortiva. Sobre todo en términos de dolor y sufrimiento en el cuerpo femenino.
Según historiadores, antiguos
romanos, griegos y egipcios tuvieron severas conversaciones al
respecto e inauguraron controversiales procedimientos que marcaron
el infortunio de las mujeres en la medicina. Ya hubiera sido por
manos de un partero, sacerdote o médico, o en el secreto de una casa y con
la ayuda de una amiga, el aborto se caracterizó por el riesgo y la amargura
durante muchos años. Basta con revisar los distintos procesos que se llegaron a
"inventar".
En
el Antiguo Egipto usaban una pasta hecha con estiércol de cocodrilo para
abortar. Lo insertaban en su vagina tanto antes como después de la relación
sexual por su alto poder espermicida, aunque también se
consideraba un abortivo de emergencia.
Té de menta pulegium
Esta
planta es tan tóxica que con sólo cinco gramos puede ser venenosa.
Fue muy utilizada en la Antigua Grecia, pero siempre había un gran riesgo de
que la mujer involucrada muriera o se intoxicara gravemente.
Golpes
en las nalgas
Hipócrates,
un famoso médico griego que en gran medida se oponía al aborto,
supuestamente recomendó un texto en el que se sugería una
técnica popular de aborto: saltar arriba y
abajo, golpeando las nalgas con los talones en cada salto.
El propósito –hipotético– era que el embrión
se soltara y cayera a causa de los impactos.
Cebollas calientes
Un
método antiguo se conoce hoy gracias a un manuscrito en
sánscrito del siglo VIII: sentarse sobre una olla de agua de cebollas
humeantes e hirviendo. Una práctica que hasta ahora se lleva a cabo y que,
cabe resaltar, sigue siendo igual de inútil que antes.
Saliva
de camello, hormigas y pelos de venado
En
el viejo Londres se utilizaba una pasta hecha con
estos ingredientes para abortar. Según los registros era bastante
efectivo y muy popular en muchas comunidades, pero lo que no sabían sus
practicantes era que al untar este menjurje en las vaginas insertaban
bacterias infecciosas que ocasionaban un aborto séptico.
Mercurio
En
la Antigua China las mujeres bebían aceite y mercurio
calientes en ayuno para provocar un aborto. No está comprobado si esto
servía u ocasionaba otro tipo de intoxicación, pero al parecer era un método en
extremo popular.
Agua
de herrero
En
la Antigua Grecia, el agua que usaban los herreros
para enfriar el metal se utilizaba también como método abortivo. Era
popular entre las mujeres lavar sus genitales con ella; sin
embargo, debido al contenido de plomo de esta agua quedaban estériles
o fallecían drásticamente.
Afortunadamente los avances
clínicos y las discusiones legales en torno al aborto han modificado prácticas
que disminuyen tanto el riesgo de perder la vida como las posibilidades de
alimentar la ignorancia entre las personas. El punto crucial de esta revisión histórica
es advertir que estos métodos u otros similares
siguen practicándose en algún lugar del mundo y que debemos
frenarlos para salvar vidas y respetar decisiones ultrapersonales.
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