A principios de siglo XXI la
aceptación social del aborto es una realidad. El embrión y el feto son hombres,
simplemente hombres, algo que saben las mujeres que abortan, que saben los
médicos y que saben todos los que utilizan la razón y el sentido común.
Consideraciones previas.- Lo importante a resaltar es que hoy día en las
sociedades avanzadas la cultura abortista no quiere una derrota del aborto
evitado por la razón o por la acción de los grupos favorables a la vida, por el
cumplimiento estricto de la legalidad, etc. Prefiere con todo su error, el
aborto realizado. El argumento suele ser el derecho de la mujer a decidir:
“aborto sí”, o “aborto no”, pero se ponen todos los obstáculos para que la
decisión conduzca al sí (piénsese en la reciente situación de España, donde
miles de hombres, mujeres y niños se han manifestado en contra de la ley del
aborto sin ser escuchados por los llamados representantes del pueblo...). La
cuestión que está en peligro hoy día en nuestra sociedad es: el derecho a la
vida. En nuestro país, se eliminan cada año 90.000 hijos en el vientre de sus
madres.
Es una tragedia demasiado cruel para mantenerla oculta en la censura de
las conciencias humanas. Según la OMS (datos aproximados de 1997) cada año se
habrían practicado cincuenta y tres millones de abortos, con lo que tenemos
anualmente un número de víctimas inocentes semejante a las provocadas por toda
la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Lo más grave: la supresión de estas
vidas humanas está autorizada y financiada incluso por los Estados. Se pretende
reivindicar como uno de los “derechos” fundamentales del hombre. Y, no sólo es
un “derecho” sino que en ciertos países es incluso obligatorio. Por ley (China,
India). Además, según estimaciones de la doctora Thérèse Gillaizeau Amiot, a
los 50 millones de abortos en el mundo se deben sumar 4 millones de abortos
“farmacéuticos” y hasta 460 millones de abortos debidos al uso del DIU. A todas
estas pequeñas vidas suprimidas con estos sistemas se añaden, además, el
inmenso número de embriones “producidos” por la fecundación artificial y, de un
modo u otro, eliminados. 2. El comienzo de la vida humana. ¿Cuándo comienza la
vida humana? ¿Desde cuándo existe un ser humano o una persona humana? La
Iglesia católica afirma que el derecho a la vida del nuevo ser arranca desde el
momento de la fecundación, es decir, desde el momento en que se constituye la
realidad biológica del cigoto o célula huevo, resultante de la fusión del óvulo
y del espermatozoide. Es importante subrayar que esta postura es compartida
igualmente por otras personas, aunque no estén incluidas dentro del campo
católico. La fecundación constituye un salto cualitativo en relación con las
células germinales precedentes antes de la fusión. El cigoto resultante tiene
una relevancia equiparable a la del recién nacido por las siguientes razones:
a) Es una realidad biológica humana.
La información genética existente en la
célula-huevo es humana y solamente humana. b) En la información genética
existente en el cigoto se “prefigura” el individuo humano que se va a
desarrollar a partir de aquél. Indiscutiblemente, los factores que van a actuar
durante el desarrollo embrionario van a jugar un papel muy importante en el
troquelado del nuevo ser. Hay que decir que cada ser humano es un ser único e
irrepetible en la historia de la humanidad y que su singularidad e
irrepetibilidad está ya presente en el cigoto. c) En el debate sobre el aborto
se ha afirmado con frecuencia que el embrión o feto son una parte del cuerpo de
la madre, de la que ésta, por tanto, puede disponer como de un apéndice. Esta
afirmación es, biológicamente y con toda claridad, falsa. El nuevo ser no es
una parte del organismo materno, sino una realidad biológicamente distinta —y
que, sin embargo, sorprendentemente, no es rechazado como un ‹‹cuerpo
extraño››— que desde el principio comienza a dirigir su propio proceso de
desarrollo, sintetizando sus propias proteínas y enzimas, que son distintas de
las de su madre.
El nuevo ser es, durante su desarrollo embrionario sumamente
dependiente del organismo materno, pero es al mismo tiempo, autónomo, ya que es
él mismo, el que dirige su propio proceso de desarrollo. La madre le da
albergue, le proporciona el “material” alimenticio y energético necesario. 3.
Se ha propagado la idea del aborto como símbolo de progreso: Hace más de 30
años el aborto fue introducido en los países democráticos, y muchos antes fue
legalizado por la Unión Soviética (1920), por la Alemania nazi, después por los
demás países del Este. Así pues, el aborto es fruto de las ideologías
totalitarias del siglo XX. Falacias acerca del aborto. El hecho nuevo, la
absoluta novedad histórica es la siguiente: Si la práctica del aborto está
extendida desde hace tiempo, el ‘abortismo’ como ideología parece ser un hecho
circunscrito a la civilización occidental moderna. En efecto, ha ocurrido algo
inédito y horrible, nuestra generación creía haberse liberado de las viejas
ideologías, y sin darse cuenta se ha encontrado inmersa en una nueva ideología.
Así, el aborto, en el siglo XX, se ha convertido incluso en un “derecho”
reivindicado políticamente. Resulta paradójico, que hoy, cuando los modernos
descubrimientos nos revelan las maravillas de la vida prenatal, y se puede
seguir paso a paso el prodigio de la vida humana, no se nos permite siquiera
hablar de ello. El aborto consentido, gran tabú de nuestra sociedad sin tabúes.
Sin embargo, frente al viejo principio sociológico del siglo XIX, según el cual
la modernidad es sinónimo automático de secularización en Italia y en EE.UU. ha
surgido un renacimiento cristiano en los últimos veinte años y nos da ejemplo
de otra modernidad posible y más vital respecto a la nihilista y secularizada
de Francia y de España. Sciolla lo explica, en un libro suyo, habla de
contracorriente italiana semejante a la americana, o de desecularización. Dice:
somos el único país de Europa, donde de 1981 a 1999 el índice de confianza en
la Iglesia pasa del 57% al 67% y los valores típicos de la mentalidad laicista
están en fuerte retroceso sobre todo en la regiones del Norte, las socialmente
más avanzadas. En Italia se pidió el aborto libre y de Estado tanto en nombre
de los impulsos individualistas del utilitarismo burgués, como de la cruda
lógica materialista del asistencialismo comunista que hace equivaler un aborto
a una operación de hernia. Por un lado, se apela al “sano egoísmo”. Por otro,
se dice que es necesario hacer que éste sea reconocido como una operación
cualquiera, del mismo modo que todas las demás y que, como tal sea pagada por
el seguro. Es importante además, que el aborto pueda ser practicado a las
menores sin el consentimiento de los padres. Se crea una especie de “literatura
abortista libertaria” donde se repite obsesivamente que la mujer tiene el
derecho de disponer de su propio cuerpo sin discutir seriamente lo que está en
cuestión, es decir, si el concebido es cuerpo de la mujer. Análoga “sordidez
intelectual” fuera de Italia. En Francia, es para morirse de vergüenza recordar
el “manifiesto” por el aborto provocado y suscrito por 343 “grandes nombres” de
la cultura francesa y publicado por ‹‹La Nouvel observateur›› en la que se
definía al feto como ‹‹spèce de tumeur dans le ventre››. Evidentemente, el
personal médico sabe bien lo que es un aborto y –siendo en buena parte laico o
agnóstico- prefiere no practicarlo por graves conflictos de conciencia
(objeción de conciencia). Otra mentira sería que existe poca cultura
contraceptiva. En países donde está difundida la contracepción, a pesar de
ello, se hacen más abortos que en los que no lo está. Y no se registra ningún
descenso. Monesi y Eugenio Roccella han publicado una serie de estadísticas
impresionantes llegando a la siguiente conclusión: “El crecimiento simultáneo
del aborto y de la contracepción es una tendencia común en países
desarrollados”.
Por el contrario, el número de abortos crece cuando se difunde
una mentalidad abortista, cuando cae el valor que se atribuye a la vida. Y allí
donde se vuelve a educar en el respeto a la dignidad de los más pequeños y al
valor de la vida el número de abortos voluntarios disminuye drásticamente, por
ejemplo, Eslovaquia donde las interrupciones de embarazo han caído de 50.000 en
1988 a 16.000 en 2001. El motivo es que se ha dado un reencuentro con la
libertad después de la barbarie comunista y ha crecido una nueva mentalidad, de
raíz cristiana, tanto que en la nueva constitución democrática se garantiza el
derecho a la vida, subrayando que es digna de ser protegida también antes del
nacimiento. Otro ejemplo, el doctor Bernad Nathason es testigo de la mentira
sistemática. Así cuenta cómo en dos años fueron capaces de cambiar la opinión
pública en New York. La técnica consiste en falsificar datos sobre abortos
clandestinos; negar a pesar de las pruebas científicas, que la vida comience
con la concepción y que, por tanto, en el útero exista una persona. Insistir en
que el problema no viene de la ciencia sino de la teología, el derecho, de la
ética y de la filosofía añadiendo que es imposible científicamente el comienzo
de la vida. En realidad, Nathason como científico sabe que las cosas son de
otra manera, que la vida comienza desde el momento de la concepción. 4. Leyes
sobre el aborto en España. En primer lugar, habría que aclarar que no es lo
mismo legalización del aborto que despenalización. Son dos términos
frecuentemente utilizados como sinónimos, pero que no lo son en realidad. Una
acción es legal cuando se mueve dentro de los cauces legales, y el que la
realiza tiene derecho a ejecutarla, incluso reclamando que se proteja el
ejercicio de esa acción. Esto significa en el caso del aborto, que la despenalización
del aborto no significa su legalización. Las legislaciones que han
despenalizado meramente el aborto no imponen una pena al que lo practica en las
circunstancias previstas, pero aquél no es un acto que tenga validez jurídica.
No se reconoce el derecho a provocar el aborto y, menos aún, que se pueda
reclamar la protección de este derecho. En España fue aprobada la llamada “ley
del aborto” el 30 de noviembre de 1983. Ante el recurso previo de
anticonstitucionalidad, la ley fue llevada al Tribunal Constitucional, cuya
sentencia tuvo lugar el 11 de abril de 1985. Teniendo en cuenta el fallo de
esta sentencia, la ley pasó de nuevo los trámites del Parlamento y del Senado,
hasta que fue aprobado el artículo 417 bis del Código Penal, que fue publicado
en el BOE del 12 de julio de 1985. Este artículo del Código Penal queda así
redactado: No será punible el aborto practicado por un médico, o bajo, su
dirección, en centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado
y con consentimiento expreso de la mujer embarazada, cuando concurra alguna de
las circunstancias siguientes: 1ª Que sea necesario para evitar un grave
peligro para la vida o la salud física o psíquica de la madre. 2ª Que el
embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo de delito de violación del
artículo 429, siempre que el aborto se practique dentro de las doce primeras
semanas de gestación y que el mencionado hecho hubiese sido denunciado. 3ª Que
se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas, siempre
que el aborto se practique dentro de las veintidós primeras semanas de
gestación y que el dictamen, expresado con anterioridad a la práctica del
aborto, sea emitido por dos especialistas del centro o establecimiento
sanitario, público o privado, acreditado al efecto y distintos de aquel por
quien o bajo cuya dirección se practique el aborto. En la práctica, estos
supuestos han sido un cajón de sastre, donde todo vale hasta el punto de que
España ha llegado a ser el país de Europa donde es más fácil practicar un
aborto, especialmente, en ciertas autonomías, por ejemplo, Cataluña, Barcelona,
donde se han cometido verdaderas atrocidades. Las cosas no han mejorado, pues,
la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del
Embarazo aprobada el jueves 25 de febrero de 2010, publicada en el BOE el día 3
de marzo de 2010, y que entrará en vigor el próximo 5 de julio de 2010 es una
brutalidad jurídica, técnica y moral. Todo ello, sin atender al fuerte rechazo
social que ha recibido esta ley desde un principio, y pese a las grandes
manifestaciones que ha habido en su contra. Algunas consideraciones acerca de
la nueva ley: ü La
norma establece un plazo de 14 semanas para que las mujeres, "sin
interferencia de terceros", puedan abortar libremente. Asimismo, tendrán
la posibilidad de interrumpir su embarazo hasta la semana 22 si "existe
grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada" o "riesgo de
graves anomalías en el feto". ü
La ley también permite abortar en cualquier momento del embarazo si se detectan
"anomalías fetales incompatibles con la vida" o cuando se descubra en
el feto "una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del
diagnóstico y así lo confirme un comité clínico". Por otra parte, limita
inconstitucionalmente el derecho a la objeción de conciencia. ü Menores de 16 y 17 años.
La decisión de abortar corresponde exclusivamente a ellas, pero al menos uno de
los representantes legales (padre, madre o tutor) ha de ser informado. Ahora
bien: se prescinde de la obligación de informar si las menores alegan que esto
les puede acarrear un “grave conflicto”. ü
Objeción de conciencia.
Se limita a los profesionales directamente implicados
en el aborto. Además, la ley establece que los objetores deberán ejercer su
derecho de forma individual, por escrito y justificada. Y las Facultades de
Medicina y las Escuelas de Enfermería tienen obligación de enseñar en sus aulas
a practicar abortos. ü
Educación sexual. A partir de los 11 años, los alumnos de primaria y secundaria
recibirán clases de “salud sexual y reproductiva”. En realidad, despenaliza
totalmente el aborto y lo convierte en un derecho, lo que constituye una
arbitrariedad jurídica única en Europa puesto que deja al que ha de nacer sin
la menor protección. La concepción de la ley es brutalmente antinatalista. El
embarazo es visto como un problema médico y no como un don que la persona y la
sociedad reciben. Esta cultura que difunde la ley, situada en la actual crisis
demográfica española, ahonda en el suicidio colectivo a que nuestra sociedad se
ve abocada por falta de nacimientos. Blinda y protege absolutamente el negocio
de las empresas privadas dedicadas al aborto y que realizan más del 95% de
todos los que se practican en España. Blinda y protege una práctica que ha
convertido a nuestro país en el “paraíso del aborto” Discrimina a los médicos
en función de sus opiniones, estableciendo así otra vulneración constitucional
de las muchas que contiene la ley. Es radicalmente eugenésica. La más extremada
de toda Europa. La malformación del feto, que puede ser cualquier cosa en el
marco de la ley, permite la libertad de abortar hasta el último día del
embarazo. Asimismo, Continúa sin establecerse los mecanismos de control sobre
el aborto ejercido por las clínicas privadas. En España está mucho más regulada
la tala de un árbol que cometer un aborto, y esto es algo absolutamente
irracional. Ni tan siquiera aborda el problema de las actuales estadísticas que
en realidad se limitan a reproducir las cifras que proporcionan las clínicas
sin ningún tipo de control.
Por eso, puede afirmarse que la cifra real de
abortos en España es aquella que deciden las clínicas y que no tiene por qué
coincidir con los realmente efectuados. Todos los casos judiciales abiertos
hasta ahora demuestran que hay abortos que no se declaran. Continúa la
situación anómala en relación a Europa, y terrible para nuestro futuro como
país, de que no existe ningún tipo de ayuda para que la madre embarazada pueda
tener el hijo, mientras que se subvencionan a las clínicas y los abortos. La
sanidad pública y los servicios sociales dirigen a las madres embarazadas con
dudas o dificultades, directamente a los centros donde se practica el aborto.
Es decir, todo lo contrario de lo que sería necesario. No es una ley homologable
con Europa, se trata de una ley radical al servicio de una extraña ideología,
contraria al sentido de humanidad, y que contribuirá a generar graves problemas
en el futuro desarrollo económico y el mantenimiento del sistema público de
pensiones. Ya, ahora, los abortos significan casi uno de cada cuatro
nacimientos y sigue creciendo. Somos el único país de Europa donde este
fenómeno se da en tales proporciones. 5. El Magisterio de la Iglesia. Las tomas
de postura del Magisterio de la Iglesia son muy frecuentes en estos últimos
años. La constitución Gaudium et spes del Vaticano II en los nn. 27 y 51.
Conferencias Episcopales, la Declaración sobre el aborto provocado de la
Congregación para la Doctrina de la Fe de 1974 y, especialmente la encíclica de
de Juan Pablo II Evangelium Vitae, además del Catecismo de la Iglesia Católica,
se podría resumir en los siguientes puntos: 1) Hay una clara y unánime
afirmación de que la vida es inviolable desde el momento de la concepción. 2)
La afirmación del derecho a la vida del no-nacido se fundamenta en una
reflexión sobre los datos científicos acerca del valor humano del nuevo ser: su
carácter biológico humano, la continuidad del proceso de desarrollo
embrionario, el ser llamado a la vida en un contexto humano. 3) También se
insiste en un argumento de raíz evangélica para proteger la vida: el valor que
para Jesús tiene la vida del pobre, del débil, del que no tiene voz para
defender su derecho a la vida. 4) Se subraya la importancia del contexto social
en el que se da el aborto, subrayando las múltiples amenazas existentes hoy
contra la vida humana, la existencia de un clima hedonista que desvirtúa el
valor de la sexualidad, la necesidad de crear cauces de ayuda a la mujer
embarazada. 5) En el tema de la despenalización o legalización del aborto, los
documentos eclesiales repiten con frecuencia la distinción entre los planos
ético y legal – claramente marcada por Santo Tomás de Aquino-, de que el
legislador no está obligado a sancionar la violación de todo valor ético, sino
únicamente de los que afecten al bien común. Sin embargo, en el caso del aborto
está en juego un valor básico y un derecho fundamental –el derecho a la vida-
que debe ser siempre protegido legalmente. Juan Pablo II en la Evangelium vitae
afirma que: “con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus sucesores, en
comunión con todos los Obispos –que en varias ocasiones han condenado el aborto
y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han
concordado unánimemente sobre esta doctrina-, declaro que el aborto directo, es
decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en
cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente”. “Nada ni nadie puede
autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o
adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante”. Juan Pablo II califica este
delito como “uno de los más graves y peligroso”, pero alienta a la conversión y
dedica bellas palabras de acogida a la mujer que ha abortado (n. 99).

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